«No podemos parar» cambia la naturaleza del proyecto. Con una ventana de fin de semana, una migración es un traslado: se apaga, se mueve, se enciende. Sin ventana, es una convivencia: los dos sistemas vivos a la vez, sincronizados, durante semanas.
Cuesta más y es más delicado. Pero es perfectamente hacible, y conviene saber cómo se monta antes de aceptar una propuesta que lo prometa.
La idea central: separar copiar de cambiar
Un histórico de diez años tiene una propiedad útil: ya no cambia. Las facturas de 2019 son las que son. Solo se mueve lo reciente.
Eso permite partir el problema en dos:
- La carga inicial. Todo lo que ya no cambia, copiado sin prisa y sin ventana, porque nadie lo está tocando. Puede tardar días y no molesta a nadie.
- La sincronización. Solo lo que cambia desde que empezó la carga. Un caudal mucho más pequeño, que se puede mantener al día en continuo.
Cuando la sincronización va al día, el corte deja de ser un traslado de horas y se convierte en una decisión de minutos.
Cómo se mantiene el caudal al día
Hay tres formas, de menos a más invasiva:
- Por marca de tiempo. Si las tablas tienen fecha de modificación fiable, se lee lo cambiado desde la última pasada. Es lo más simple. El riesgo: los borrados no dejan marca, así que hay que resolverlos aparte.
- Por captura de cambios en el motor. El propio gestor publica lo que se modifica. Es lo más completo, pero requiere activarlo en producción y no todas las licencias lo permiten.
- Por comparación periódica. Comparar huellas de bloques y resincronizar solo lo que difiere. Más lento, pero no exige nada del origen.
La elección casi nunca es técnica: depende de qué permita el sistema viejo y de cuánta intervención tolere el área que lo opera.
El corte, por fases
Con la sincronización viva, el corte no tiene por qué ser un único momento. Se puede hacer por partes, que es lo que reduce el riesgo de verdad:
- Lectura primero. Los reportes y consultas apuntan al sistema nuevo, mientras las escrituras siguen en el viejo. Si algo no cuadra, se nota sin que nadie pierda datos.
- Una parte de la escritura. Un módulo, una sucursal, un tipo de operación. Suficiente para probar de verdad, poco para revertir sin drama.
- El resto. Solo cuando lo anterior lleva días estable.
En cada fase tiene que estar claro cuánto se puede tardar en volver atrás y qué se pierde si se vuelve.
Lo que hay que aceptar
Este enfoque tiene costos que conviene tener presentes desde el principio:
- Doble mantenimiento. Mientras dure la convivencia, un cambio urgente hay que hacerlo dos veces, o congelar los cambios.
- Más infraestructura. Dos sistemas encendidos a la vez cuestan dos veces.
- Más pruebas. Hay que verificar no solo el destino, sino que la sincronización no se ha quedado atrás.
- Una fecha de caducidad. La convivencia tiene que terminar. Sin una fecha comprometida, se vuelve permanente, y entonces hay dos sistemas que mantener para siempre.
Cuándo no hace falta
Merece la pena comprobar si «no podemos parar» es un hecho o una costumbre. A veces la operación admite perfectamente una ventana de domingo y nadie lo ha preguntado.
La diferencia de costo entre las dos vías es grande, así que la pregunta merece hacerse en serio antes de asumir la más cara. Y si de verdad no puede parar, ese requisito es lo primero que hay que poner sobre la mesa: cambia el plazo, el precio y el diseño entero, como contamos en cuánto tarda migrar diez años de histórico.