Hay un patrón que se repite tanto que conviene anticiparlo: la migración avanza rápido, llega al 90% en la mitad del plazo, y ahí se queda. Semanas. A veces meses.
No suele ser mala gestión. Es que el primer 90% y el último 10% son trabajos de naturaleza distinta, y el segundo no se puede estimar con la velocidad del primero.
Qué es el 90% fácil
Las tablas grandes y regulares. Millones de filas que se parecen entre sí, con la misma estructura, sin excepciones. Se escribe el proceso una vez, se ejecuta, y avanza a la velocidad del disco.
Ese trabajo es predecible, se puede paralelizar y produce una barra de progreso que sube. Por eso da la impresión de que el proyecto va bien.
Qué es el 10% que no avanza
Los casos límite
El cliente al que se le facturó en otra moneda durante seis meses de 2018. El registro con la fecha en el año 1900 porque alguien dejó el campo vacío. Los tres pedidos que apuntan a un producto que ya no existe.
Cada uno es una decisión de negocio, no un problema técnico. Y cada decisión necesita a alguien que la tome, lo que introduce esperas que no dependen del equipo técnico.
Los datos que no cumplen sus propias reglas
Todo sistema viejo acumula filas que violan las reglas que el propio sistema dice tener: identificaciones duplicadas, referencias a registros borrados, campos obligatorios vacíos porque en 2015 no lo eran.
El sistema viejo convive con eso porque nunca lo revisa. El nuevo lo rechaza en la carga. Y ahí hay que elegir entre limpiar, relajar las reglas del destino o dejar esos registros fuera.
Las integraciones con terceros
Cuando el sistema conversa con un banco, un operador logístico o una entidad del Estado, el calendario deja de ser suyo. La prueba de integración se agenda cuando el tercero puede, y si algo falla, la siguiente ventana puede estar a dos semanas.
El corte
Lo último, y lo que más se subestima. Decidir el momento exacto, congelar el origen, sincronizar lo que cambió desde la última copia, verificar, y dar la orden. Todo eso con la operación esperando.
Cómo se descuenta ese riesgo
No se elimina, pero se puede sacar del final, que es donde hace daño:
- Migrar primero la tabla más fea, no la más grande. Se aprende lo que va a doler cuando todavía hay margen para reaccionar.
- Contar los casos límite pronto. Antes de mover nada, correr las validaciones del destino sobre el origen. El número de filas que no pasan es el tamaño real del 10%.
- Agendar a los terceros el primer día. Su calendario es el que manda; cuanto antes se conozca, mejor.
- Ensayar el corte completo, en falso. Un simulacro con datos reales y sin apagar nada. Es el único modo de saber cuánto dura de verdad.
Y una expectativa honesta
Si el cronograma reparte el esfuerzo de forma uniforme, está mal hecho. En una migración con histórico sucio, la mitad del tiempo se va en la última décima parte del alcance.
Un plan que reconoce eso desde el principio no es pesimista: es el único que se cumple. Y es la diferencia entre una ventana estimada en una semana que se resuelve en 20 horas —como en el caso de los 11 TB— y una que se alarga tres meses.